SIN MÓVILES
La felicidad no estaba en una pantalla ni en un "me gusta", estaba en lo que hacíamos, en las personas que nos rodeaban. Caminábamos juntos con los amigos, hablábamos de todo, nos reíamos de cualquier cosa, acabábamos las tareas de la escuela para presentarlas al siguiente día rápido porque sabíamos que afuera nos esperaban los juegos, las risas y los amigos. Pasábamos mucho tiempo en la calle, pero una calle viva, llena de niños, de gritos y de vida. Éramos libres sin darnos cuenta de lo libres que éramos. Jugábamos hasta el cansancio, hasta que el sol se ponía. No teníamos una pantalla para entretenernos; teníamos imaginación y energía de sobra. Fuimos una generación que jugaba al escondite, a las canicas, a la cuerda, al trompo, al fútbol con pelotas remendadas; hacíamos nuestras propias reglas y todos las respetábamos. No había árbitros ni quejas; si alguien perdía, se levantaba y seguía jugando. Nos conformábamos con lo que había, sin pedir más; aprendimos a valorar las...